miércoles, 4 de marzo de 2009

WALL-E

El último regalo de Pixar es todo amor; por su personaje principal, un robot que destila humanidad por cada circuito y cada tuerca; por su homenaje al cine, al ofrecernos una primera media hora casi silente que es pura poesía; y por nuestro planeta, demostrando un enorme respeto y sensibilidad que a los demás parece faltarnos. Pixar demuestra con esta obra de arte que no tiene límites creativos y que está a años luz de cualquier posible competidor.

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